|
|
|||
|

En Quito, todos los días a las 7 de la mañana, Patricia Díaz se levanta, prepara café con el agua del grifo, despierta a su esposo, se lava los dientes y se baña, como lo hacen millones de personas en el mundo. A la misma hora, a 300 kilómetros de distancia, una osa andina y su cría devoran los tiernos cogollos de una bromelia en la Reserva Ecológica Antisana. Ambas están intrínsecamente ligadas pues su supervivencia depende de que páramos, humedales, ríos, arroyos y bosques de niebla se mantengan saludables y regulando el ciclo hídrico.
Los ecosistemas de esta área protegida y su área de amortiguación retienen, filtran y liberan lentamente cientos de millones de metros cúbicos de agua al año que son canalizados y enviados a más de 2 millones de personas, miles de industrias y cientos de hectáreas de cultivo y riego en la ciudad de Quito y municipios aledaños. Sin estas áreas, la ciudad sería inviable.
Este ritual se repite a diario en decenas de ciudades latinoamericanas y del mundo. Sin embargo, a pesar de cumplir un papel esencial en la vida de las ciudades de la región, los ecosistemas responsables de este “servicio ambiental” no reciben toda la protección adecuada.
Las áreas de amortiguación del parque son el hogar de cientos de personas que, presionadas por la pobreza, desarrollan actividades productivas que tienen un gran impacto sobre estos sensibles ecosistemas. Es la única alternativa que tienen para sobrevivir y sacar adelante sus familias. A medida que expanden sus cultivos y ganado, a costa de páramos y bosques nublados, se incrementan los conflictos con osos y pumas que gustan del maíz y las vacas que las personas han cuidado con esmero.
Desafortunadamente, los recursos financieros asignados para la protección de estas áreas son insuficientes. Se necesitan recursos para ampliar las áreas protegidas, pagar salarios de guardaparques y su movilidad, educar a las personas en la conservación de las fuentes hídricas; y se necesitan recursos financieros para reforestar, restaurar y monitorear la biodiversidad del área. ¿Qué hacer?
Si uno de los principales problemas de la conservación de esos ecosistemas es la falta de recursos financieros, la solución tendría que venir, precisamente, del mercado financiero. Así, TNC dimensionó la figura de “fondo de agua”, como una manera pragmática, eficiente y auto sostenible de generar recursos para pagar esa conservación.
La teoría es simple: quienes utilizan agua cuenca abajo y estén dispuestos voluntariamente a dar recursos por la conservación de estas áreas, ponen esos recursos en un fondo que, dependiendo del modelo escogido, genera intereses que se utilizan para financiar proyectos de conservación en la cuenca alta, como la ampliación de áreas protegidas, la implementación y financiación de alternativas productivas de bajo impacto incluyendo la generación de líneas de microcréditos y capacitación técnica para la creación de microempresas, y el pago a pequeños campesinos por conservar sus tierras.
Este interesante modelo ofrece muchas ventajas frente al clásico modelo conservacionista de prohibir la entrada y uso de ecosistemas. Los grandes usuarios del agua como acueductos, hidroeléctricas, riegos y cultivos, bebidas y embotelladoras están dispuestos a poner recursos para fortalecer estos fondos de agua, pues así aseguran cantidad y calidad de agua a futuro a un costo menor. Los campesinos y habitantes de las áreas productoras de agua tienen una mejora importante en su calidad de vida pues tecnifican el uso de sus predios a la vez que reciben pagos directos e indirectos por conservar la biodiversidad. Este nuevo paradigma, en el que un bosque, un páramo, un área natural son más rentables si se mantienen en pie y saludables, ha permitido la generación de recursos para asegurar la biodiversidad de estas áreas y la provisión de agua.
Varias ciudades latinoamericanas han iniciado la creación de su propio fondo de agua. De la mano de TNC y sus socios se han creado a la fecha en Ecuador el Fondo Nacional del Agua –Fonag- (Quito), el Fondo Pro-cuencas (Cuenca), el Fondo de Paramos y Lucha contra la Pobreza (Tungurahua) y el Fondo del Agua para la Conservación del Río Paute –Fonapa-; En Colombia, se ha establecido Agua Somos (Bogotá) y el Fondo Agua por la Vida y la Sostenibilidad (Palmira y oriente de Cali) y en Perú, Aquafondo (Lima).
En otros casos, como en el Bosque Atlántico en Brasil, los municipios reciben contribuciones de los usuarios de agua, y hacen pagos directos a los propietarios que conservan y restauran los bosques en sus terrenos. En Brasil los propietarios participantes del proyecto reciben el nombre de "productores de agua".
El concepto de los Productores de Agua fue concebido por la Agencia Nacional de Agua en Brasil (ANA)—socio de TNC en la implementación de proyectos de Productor de Agua alrededor de Brasil, en ciudades como Rio de Janeiro y Sao Paulo.
TNC y sus socios tienen proyectado la creación de al menos 32 fondos de agua para la conservación a perpetuidad de ecosistemas clave en la producción hídrica, y mejores condiciones de vida de las personas que viven en ellos.
Los fondos de agua generan una co-responsabilidad entre quienes usan el recurso cuenca abajo y quienes lo conservan cuenca arriba, generando un balance que permite, al final, que estos ecosistemas, verdaderas esponjas de agua, sobrevivan para las generaciones futuras.
Créditos (arriba a abajo, izquierda a derecha): Pablito Vergel bebe agua de un riachuelo en Colombia ©Bridget Besaw; NIña recoje agua potable en un pequeño pueblo de Papua Nueva Guinea © Mark Godfrey/TNC; Valle de Cuatro Cienagas, México © Mark Godfrey.
Agregue a TNC en