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por Marcela Torres
¿Ha visto alguna vez a un desierto convertirse en un frondoso valle lleno de vida? Esto es exactamente lo que pasa en los desiertos costeros de Perú cada año, cuando verdaderos oasis de vegetación, llamados lomas, brotan entre julio y noviembre gracias a la humedad que capturan de la niebla.
La capacidad de las lomas para capturar niebla y convertirla en agua que puede ser usada por plantas, animales y personas es la clave de la supervivencia de la biodiversidad y las poblaciones humanas que habitan en este árido ambiente.
Pero siglos de pastoreo sin manejo y tala de árboles para leña han degradado las lomas, que tienen menos vegetación para capturar la niebla.
Por eso, The Nature Conservancy (TNC) y sus socios están iniciando un proyecto de tres años en Atiquipa, Perú, no sólo para restaurar estos importantes oasis, sino también para ayudar a las comunidades locales a encontrar maneras de manejar las lomas de manera sustentable, de modo que puedan seguir proporcionando vida a la gente y a la naturaleza año tras año.
Tres características únicas coinciden para formar estos raros oasis desérticos:
En Atiquipa, el avance de esta niebla es detenido por una serie de cerros que ondulosos cubiertos de vegetación que “capturan” la niebla para obtener humedad para su supervivencia, formando frondosos oasis verdes en medio de uno de los desiertos más secos del mundo.
Las antiguas poblaciones humanas que habitaban el área recolectaban el agua que goteaba de las ramas de árboles nativos y cactus poniendo recipientes debajo de ellos.
Hoy en día, la gente usa mallas ubicadas en las cimas de los cerros que capturan la niebla y permiten canalizar la condensación hacia tubos que la conducen a contenedores situados bajo el suelo. A veces el agua es usada para regar pequeños cultivos, mientras que en otras ocasiones se utiliza para consumo humano.
Pero sin las medidas de manejo sustentable apropiadas, esta antigua práctica para recolectar agua podría desaparecer. Si las lomas son deforestadas completamente por pastoreo de ganado, esas comunidades únicas de plantas no podrán capturar la niebla y proporcionar agua al suelo para que crezcan otras plantas. Como consecuencia, el desierto se expandirá aún más, especialmente ahora que el cambio climático es una amenaza debido al alza de las temperaturas.
Por eso, TNC se está asociando con la Universidad Nacional San Agustín (UNSA) en Arequipa, la Asociación Yaku Allpa Association, la Comunidad Campesina de Atiquipa y el Servicio Nacional de Areas Protegidas Naturales de Perú (SERNANP) para ejecutar un proyecto de tres años que busca la conservación y la restauración ecológica de las lomas y el manejo comunitario de los recursos naturales de Atiquipa. Esta es una segunda fase de una iniciativa previa y beneficiará a 80 familias que viven en la extrema pobreza y que podrán así acceder al doble o el triple del nivel de agua recolectado actualmente de las mallas atrapa-nieblas.
Parte de las tierras se destinarán a crear un área protegida en tierras comunitarias, para asegurar la conservación de este frágil hábitat. Por eso, TNC también contribuirá a promover fuentes de ingreso alternativas que no dañen el medio ambiente. Esto incluirá capacitar a miembros de la comunidad local como guías turísticos y personal de servicio (para transporte, alimentación y alojamiento) con vistas al desarrollo del ecoturismo. Juan José Rodríguez, Coordinador del Proyecto de Costas y Desiertos de TNC, explica que “el pastoreo sin manejo y la minería informal son las principales amenazas a este hábitat. Si podemos ayudar a generar actividades económicas alternativas que sean sustentables, podremos incrementar las posibilidades de la comunidad para tener una existencia viable en este árido ambiente”.
En 2007, TNC y la Universidad Agraria de La Molina realizaron el primer plan de conservación regional para los desiertos costeros de Perú, que identificó 3.035.142 hectáreas como sitios prioritarios para la conservación, incluyendo las lomas de Atiquipa. TNC supo que se debía hacer algo y decidió involucrarse en este nuevo proyecto que ayudará a incorporar áreas protegidas en el ambiente de las lomas al Sistema de Áreas Protegidas de Perú.
La zona alberga unas 350 especies de plantas, de las cuales 44 son endémicas a este ambiente, y también posee el bosque de lomas mejor preservado de Perú, compuesto principalmente por los árboles nativos arrayán (Myrcianthes ferreyrae) y tara (Caesalpinia spinosa). Rodríguez señala que “el SERNANP ya está trabajando con nosotros para crear un área protegida en Atiquipa, y el Gobierno Regional de Arequipa creará una red regional de áreas protegidas”.
Este proyecto se basa en exitosas actividades previas de conservación y restauración desarrolladas por la UNSA con participación comunitaria. Percy Jiménez, investigador de la UNSA y líder del proyecto, explica que “la Universidad comenzó a trabajar aquí en la década de 1980, llamando atención a la importancia de este ecosistema, su estado y amenazas. En 1995 logramos ser escuchados y propusimos un proyecto de provisión de agua en las lomas”.
Obtuvieron fondos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF-FMAM) para la primera parte del proyecto, que se desarrolló entre el 2002 y el 2006, para restaurar y conservar el ecosistema, promover su uso sustentable, y proporcionar educación ambiental a la comunidad local que es propietaria de las tierras. Al término del proyecto, habían logrado tener 1.430 hectáreas de lomas bajo manejo comunitario para obtener agua de las mallas atrapa-nieblas y usarla para restaurar la cobertura vegetacional de las lomas. Al mismo tiempo, 200 hectáreas de un bosque de tara prístino se destinaron para ser protegidas, de acuerdo con la Comunidad Campesina de Atiquipa.
Rodríguez explica que esta segunda fase busca mejorar la eficiencia de las mallas atrapa-nieblas, que consisten en mallas que retienen la niebla y liberan agua que es recolectada en contenedores situados bajo el suelo.
La idea es doblar o triplicar el volumen actual de agua recolectada para alcanzar entre 24 y 36 millones de litros por año. Parte del agua será usada para consumo humano, mientras que el resto se destinará a nutris la vegetación del área bajo restauración. Los líderes del proyecto esperan que los esfuerzos permitan al bosque lograr su estado máximo.
Las principales metas del proyecto son lograr la conservación de la biodiversidad única del área y mejorar la calidad de vida de 80 familias que pertenecen a la Comunidad Campesina de Atiquipa. Según Jiménez, “restaurar la cobertura de bosque también permitirá aumentar la cosecha de semillas de tara de las cuales podrán crecer nuevas formaciones de bosque”. Las vainas y semillas de la tara son una importante fuente de ingreso. Las vainas se usan para obtener ácido tánico para la industria peletera de alta calidad, así como también para la industria química en los mercados nacionales e internacionales. De las semillas, la gente obtiene goma que se emplea para espesar alimentos para consumo humano.
Marcela Torres trabaja como escritora y especialista de marketing para The Nature Conservancy en América Latina.
Nature picture credits (top to bottom, left to right): Lomas con vegetación en Atiquipa, Perú © Juan José Rodríguez/TNC; Malla para capturar niebla en las lomas de Atiquipa, Perú © Juan José Rodríguez/TNC; Abejaruco Australiano © David Morris.
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