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Los bosques de pino-encino de las tierras altas de Chiapas son un punto central global de diversidad biológica y cultural. La cubierta formada por las copas de los árboles y la masa forestal de la región proporcionan el importante hábitat invernal de más de 200 especies de aves migratorias y muchas otras especies endémicas.
Estos bosques también brindan innumerables beneficios a los humanos: agua potable, leña, madera, protección contra desastres naturales y cada vez más oportunidades económicas a través del ecoturismo. Tres reservas forman un enorme sistema de cuencas que captura el 10% de las precipitaciones totales de México, y nutre humedales costeros y pesquerías marinas esenciales.
El área también ha sido identificada como un "Refugio del Pleistoceno", en el que varias especies sobrevivieron a los cambios climáticos y a las extinciones del último período glacial. Como consecuencia, los bosques y los humedales de este lugar sirven como último refugio para decenas de plantas y animales endémicos, raros y en peligro de extinción, incluidos el jaguar, el tapir, el puma, el cocodrilo, la tángara chiapaneca, el pavón y el quetzal. Además, el raro chipe caridorado, en peligro de extinción, migra desde Texas para hacer de los bosques de pino-encino de Chiapas su hogar durante el invierno.
En la Sierra Madre de Chiapas, una cadena montañosa que abarca 280 km, las reservas federales y estatales protegen unas 486,000 hectáreas combinadas de área forestal. El agua fluye de los bosques nubosos de las reservas de la biósfera El Triunfo y La Sepultura a través de una red de 38 ríos principales, desciende casi 1,000 metros hacia los humedales de La Encrucijada en la costa del Pacífico y hacia el oeste hasta la Depresión Central, y alimenta el sistema más grande de cuencas y agua potable de México. El sustento de 260,000 personas que viven en las cuencas costeras entre El Triunfo y La Encrucijada está intrincadamente ligado al medio ambiente.
Las mesetas montañosas de las tierras altas del norte de Chiapas se elevan 2,400 metros por sobre el río Grijalva y se extienden 225 km al sureste hacia Guatemala, con ríos subterráneos que alimentan varios manantiales de piedra caliza. Ellas han sido el hogar de las comunidades mayas de idioma tzotzil y tzeltal durante más de 1,000 años, y albergan el único hábitat que queda de varias especies en peligro de extinción, entre ellas, el chipe caridorado.
El cambio del uso del suelo es la principal amenaza. Varias comunidades orientadas a la agricultura subsisten gracias a la abundancia natural de Chiapas. Los extensos ranchos ganaderos y los cultivos de subsistencia son los principales responsables de la desaparición de la extensión forestal natural, lo cual deja poca protección contra la erosión del suelo, los huracanes o los aguaceros torrenciales comunes durante la temporada de lluvia.
La erosión del suelo en las tierras altas y la alteración de los cauces de los ríos provocan un aumento de la sedimentación de las lagunas y los estuarios costeros, lo cual afecta la calidad del agua para los residentes que viven río abajo y pone en peligro el sustento de las comunidades pesqueras.
La deforestación se agrava con el mal manejo, la tala y la extracción de otros recursos naturales. Los incendios que se utilizan comúnmente durante la época de sequía para limpiar la vegetación antes de la plantación de cultivos rara vez se controlan y, con frecuencia, se expanden hacia el bosque de pino-encino.
La urgencia de protección de los bosques y las cuencas vitales de Chiapas se ha hecho evidente en los últimos años ya que los incendios y las inundaciones han amenazado el sustento de las poblaciones rurales, han dañado la infraestructura y han puesto en peligro los recursos acuíferos. Sin embargo, considerando la yuxtaposición de la tremenda riqueza biológica y la grave pobreza rural, las comunidades locales deben participar en los esfuerzos de conservación y aprovecharlos.
The Nature Conservancy ha estado trabajando para crear una red de parques y corredores de vida silvestre a lo largo de importantes vías fluviales que conectan tierra trabajada activamente por los habitantes del lugar en la Sierra Madre de Chiapas. Hemos recomendado a los propietarios de tierras privadas que adopten servidumbres de conservación en sus propiedades, y hemos fomentado la creación de reservas locales gubernamentales y privadas para unir zonas centrales altamente protegidas de los parques federales. Estamos ayudando al gobierno federal a desarrollar un plan de manejo para el Parque Nacional La Frailescana y a establecer mecanismos de financiamiento a largo plazo que mejorarán todo el sistema de parques.
TNC trabaja con las comunidades locales para restaurar bosques degradados en lugares piloto a lo largo de las vías fluviales en la región de Cuxtepec, una actividad que el gobierno del estado de Chiapas podrá reproducir en otras cuencas. También estamos ayudando a las comunidades locales a realizar actividades generadoras de ingresos, como la ganadería y las cosechas de madera, café y otros productos forestales más ecológicos. Además, estamos estudiando maneras en las que puedan adaptarse al cambio climático y reducir su vulnerabilidad a huracanes, inundaciones, incendios forestales y otros desastres naturales.
Créditos Fotográficos (Izquierda a derecha, arriba a abajo): Reserva de la Biosphera La Sepultura,Chiapas, Mexico © Mark Godfrey; Pajaritos en nido en Salto de Agua en Chiapas, Mexico © Mark Godfrey; Faustino Osavas, especialista de mitigación de amenazas © Hernando Cabral/TNC; Bisontes en Chihuahua, México © Scott Warren/TNC; Carneros en las estepas de Argentina ©Bridget Besaw.
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