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Por Christiana Ferris
La Selva Maya es una joya de tres países que abarca partes de Guatemala, México y Belice, y es el bloque de selvas tropicales más grande que queda en el Nuevo Mundo fuera de la cuenca del Amazonas. En el corazón de esta selva, en un rincón alejado al norte de Guatemala, se encuentran las 202.000 hectáreas del Parque Nacional Sierra del Lacandón. Siendo el segundo parque nacional más grande de Guatemala, alberga muchas especies en peligro de extinción y algunas de las regiones de inmaculadas selvas tropicales más extensas del país.
También alberga grupos indígenas que han practicado durante décadas la agricultura y la pesca a pequeña escala en ríos y lagos, en armonía con la naturaleza. La apicultura es otra actividad tradicional maya que ha sido gentil para la selva.
Sin embargo, a pesar de su estado cono parque nacional y a las prácticas tradicionales que protegen la selva de los pueblos indígenas, han surgido presiones sobre la Sierra del Lacandón a raíz del rápido crecimiento de la población humana junto con ganadería inadecuada, las actividades agrícolas que avanzan sobre la selva y una extracción excesiva de madera. La exigencia de todas estas presiones determinó la acción de conservación para preservar los recursos naturales del área para las generaciones futuras.
Para tratar estas amenazas, The Nature Conservancy y su socio local, Defensores de la Naturaleza, han trabajado tanto con las comunidades mayas como con las otras comunidades locales en la Sierra del Lacandón y sus alrededores para mejorar su bienestar económico y, al mismo tiempo, preservar su parte de la Selva Maya.
En colaboración con el Ministerio de Agricultura de Guatemala, TNC ha respaldado un proyecto piloto para instalar huertas familiares, huertas escolares, gallineros, invernaderos y apiarios. Mediante el proyecto, los residentes están cultivando frutas y verduras y produciendo huevos, aves de corral y miel. Defensores de la Naturaleza brinda asistencia técnica continua a estos agricultores a pequeña escala y está trabajando para identificar otras fuentes de financiamiento para ayudar a ampliar estos proyectos piloto a otras comunidades aledañas.
La producción sustentable de alimentos basada en la comunidad representa una gran diferencia para las 113 familias del lugar, una de las poblaciones rurales más pobres de Guatemala. Los esfuerzos de desarrollo económico también son indispensables para la protección a largo plazo de la Sierra del Lacandón. Al aumentar la productividad de estas actividades agrícolas, los residentes y vecinos del parque están alimentando a sus familias y disfrutando de una mejor calidad de vida sin explotar los recursos de la selva.
“Con estos proyectos, una diferencia para la vida de los miembros de la comunidad consiste en una dieta mejorada, que incluye más proteínas y verduras frescas”, afirma Javier Márquez, de Defensores de la Naturaleza. “Las familias también reciben ingresos por la venta local de productos alimenticios que no necesitan para su propio consumo, especialmente los huevos”.
Mediante la mejora en el suministro de alimentos frescos, nutritivos y cultivados localmente, estas comunidades están demostrando que se puede alcanzar un mayor bienestar económico sin que sea a expensas de la naturaleza. A su vez, la iniciativa está generando una unión entre las comunidades a través del sentido del orgullo y la existencia de un fin común.
Márquez agrega: “Ahora tenemos grupos de mujeres capacitadas y organizadas para trabajar en conjunto en proyectos futuros y tal vez más ambiciosos”.
Fotos (de arriba abajo, de izquierda a derecha) Tomates de invernadero © Javier Marquez/Defensores de la Naturaleza; Niño guatemalteco con frutas © Javier Marquez/Defensores de la Naturaleza; Miembros de la comunidad de Pozo Azul, Guatemala © Javier Marquez/Defensores de la Naturaleza; Comunidad de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia © Erika Nortemann/TNC.
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