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Por Karla Miliani y Daniel Vásquez
El que ha tenido la oportunidad de pasar por el puente Pumarejo en Barranquilla y detenerse a contemplar las aguas del Río Magdalena en su desembocadura al Mar Caribe, habrá sido testigo del último tramo de vida del Río.
Cocktail de aguas chocolate y azul marino en un remolino dulce y salado: son las Bocas de Ceniza, donde muere el gran Río de la Magdalena
El Rio Magdalena nace a 3,685 metros de altura sobre el nivel del mar y recorre gran parte de Colombia (24% del territorio nacional), arrastrando consigo historias, generando vida y sirviendo de actividad económica a más de 30 millones de colombianos que habitan a lo largo de la cuenca.
El Río Magdalena ha sido el gran proveedor de alimento y proteína para el país, pero actualmente enfrenta serias amenazas como la sobrepesca, la tala de bosques, el vertimiento de tóxicos agrícolas y urbanos, la erosión de suelos, la sedimentación en los cursos de agua, y los fenómenos del “niño” y la “niña”, afectando a millones de colombianos que viven en las laderas y que fueron víctimas en el 2010 de la peor inundación en la historia del país.
Entonces, ¿Cómo pueden estas aguas ser fuente de vida para más de 30 millones de colombianos, un tercio de la población total del país?
El Río Magdalena cuenta con una extensión de 1,500 kilómetros, y aunque no es tan largo ni caudaloso como el río Orinoco, es la principal arteria fluvial de Colombia. Nace en la Cordillera de los Andes, en el Páramo de las Papas al sur occidente del país, y se desprende con fuerza hasta llegar a Honda donde sus aguas se vuelven mansas y navegables, pasando por el Valle del Magdalena Medio y desembocando en el océano Atlántico, en Bocas de Ceniza.
El recurso escasea y la competencia por atraparlo es cada vez más fuerte. Las prácticas de pesca con trasmallo y la sobrexplotación, entre otros factores, han provocado una disminución dramática en la pesca pasando de 80.000 toneladas anuales a tan solo 8.000 en los últimos 15 años.
Sin embargo, esta no es la única especie amenazada. La explotación minera ha causado graves daños a la flora y fauna de la cuenca. El 50 % del mercurio utilizado para la extracción de oro queda en los cuerpos de agua cercanos y si se ingiere por largos períodos causa daños irreparables en la salud.
El Río Magdalena suministra agua potable a 30 millones de colombianos, no obstante, es el vertedero por excelencia de aguas residuales, químicos agropecuarios y desechos tóxicos.
A pesar de sus beneficios geográficos y ubicación estratégica, la Cuenca del Río Magdalena ha sido moldeada sin tener en cuenta el impacto que representa dominar un caudal que se ha abierto paso durante siglos por la intrincada geografía colombiana.
Actividades económicas como la ganadería pretenden ganarle terreno utilizando zonas de inundación natural para pastizales, provocando efectos catastróficos como los del 2010; año en que el Río reclamó su espacio inundando la mayoría de departamentos que recorre el Magdalena. La inundación más grande en la historia de Colombia. Pérdidas de hasta el 2% del PIB, 500 muertes, 2.2 millones de personas afectadas y 280.000 hogares destruidos, ese fue el impacto causado.
Entonces, ¿cuál es el futuro del Magdalena? Debemos partir del hecho que no hay otro río igual en el país. El largo abandono del que ha sido objeto ha producido grandes pérdidas económicas, sociales y ambientales.
Es el momento de volver a tiempos precolombinos cuando la sabiduría indígena llamaba al Río “Yuma”: río amigo. Hoy, es necesario encontrar soluciones viables que permitan aprovechar al máximo la cuenca del Río Magdalena, garantizando la calidad del agua y conservando la vida; en otras palabras, ser amigos del río.
Este es un gran proyecto para el país y para TNC, la única organización internacional de conservación trabajando actualmente en la Cuenca del Río Magdalena. El alto conocimiento científico le ha permitido a TNC identificar y priorizar las áreas de conservación, teniendo en cuenta variables económicas y sociales.
TNC, junto a sus socios, el Ministerio del Medio Ambiente y Cormagdalena, han diseñado un portafolio, incluyendo dichas áreas, con el fin de empezar a implementar cuanto antes estrategias de conservación a lo largo de toda la cuenca.
En palabras de José Vicente Mogollón, ex–ministro de ambiente “esto tiene solución y ¡hay que actuar ya!”
El Río Magdalena es el río madre de Colombia, así que merece toda la atención y el cuidado. Este recurso hídrico vale oro y debe ser sostenible en el largo plazo.
Créditos fotográficos (izquierda a derecha, de arriba a abajo): Vista aérea de Bocas de Ceniza, desembocadura del Río Magdalena en el océano Atlántico. © Paul Smith/TNC; Karla Miliani, Especialista en Mercadeo TNC © Paul Smith.
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