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por Molly Castillo Keefe
La Sierra Nevada de Santa Marta es considerada el “ombligo del mundo” por los descendientes de la cultura Tairona, quienes consideran que esta tierra es sagrada y que el bienestar y la salud del planeta entero dependen de su salud y conservación.
Fue esta creencia la que motivó a las comunidades locales a elaborar un ambicioso plan para recuperar sus tierras ancestrales y restaurar su vitalidad, tal y como existían antes de la expansión de la agricultura y la deforestación. TNC les acompaña en el esfuerzo.
En enero de 2009, TNC transfirió más de 1,200 hectáreas de tierras a los miembros de las comunidades indígenas Kogi, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo que residen en la zona en un esfuerzo para ampliar las acciones de conservación en esta área inusualmente biodiversa. Estas tierras harán parte del resguardo indígena una vez las comunidades surtan los efectos legales para su incorporación.
Los indígenas de la Sierra tienen una fuerte conexión con sus tierras, lo que se puede observar en sus prácticas agrícolas que tienen un componente importante de conservación de ecosistemas naturales. Esta conexión con su medio natural ayudará a conservar áreas únicas de esta región y a proteger más de 35 cuencas que proporcionan agua potable a casi 2 millones de personas de las tierras bajas.
El estilo de vida de las cuatro comunidades indígenas de la Sierra, donde prevalece una profunda conexión con el medio natural, una agricultura tradicional y un respeto por todas las formas de vida, los hace el socio perfecto para TNC.
Durante más de cinco años, TNC y el Consejo Territorial de Cabildos (máximo órgano de decisión entre las comunidades indígenas de la Sierra) trabajaron conjuntamente en la identificación de áreas prioritarias de conservación. TNC trajó su enorme experiencia científica en la identificación de sitios con altas concentraciones de biodiversidad y las comunidades indígenas hicieron lo propio en la identificación de sus áreas de importancia cultural y religiosa.
Luego, se traslaparon ambas visiones y se logró un mapa que identificaba aquellas áreas que cumplían con ambos criterios. A partir de este proceso, TNC compró más de 1,200 hectáreas de tierras en la Sierra Nevada que fueron entregadas a las comunidades indígenas.
El proceso de establecer sitios claves de conservación se guió por generaciones de conocimiento local, lo cual fortaleció nuestra base de información científica sobre los sistemas naturales de la región.
La entrega de estas tierras fue acompañada por un convenio de conservación que asegura la protección continua de la biodiversidad en las reservas, basado en una visión tradicional de la conservación que establece la preservación del 70 por ciento de los bosques, mientras se utiliza solamente el 30 por ciento del terreno para pequeñas parcelas productivas para el cultivo de café, yuca, maíz, papas, plátanos y fruta.
Los líderes indígenas tienen su propio estilo de conservación que es tan efectivo – sino más efectivo – que los esfuerzos convencionales. Tradicionalmente los líderes comunitarios y mamos, o líderes espirituales, se congregan para decidir cuáles de las tierras han quedado exhaustas por causa de la sobreexplotación y no deberían usarse para los cultivos. Entonces trasladan los cultivos a otros sitios, permitiendo que la naturaleza haga su trabajo de recuperación.
Según Rogelio Mejía, gobernador del grupo indígena Arhuaco, “El trabajo adelantado con TNC en la Sierra, contribuye con la preservación del recurso hídrico, el cual llega a dos millones de habitantes. Con esta adquisición de predios estamos fortaleciendo la conservación ambiental y cultural, y por ende se consolidan los territorios ancestrales de los pueblos indígenas y la gobernabilidad de la misma.”
La Sierra Nevada de Santa Marta es un lugar que cuenta con una biodiversidad única. Es la montaña costera más alta del mundo, y es un paisaje de yuxtaposiciones biológicas. Palmeras, cactus y bosques secos bordean el extremo norte de la Sierra junto a la costa del Mar Caribe mientras selvas tropicales lluviosas, sabanas desnudas y picos nevados se encuentran en su interior. Aislada de los Andes, la Sierra es una isla de biodiversidad donde las especias han evolucionado de manera distinta, permitiendo el auge de especies de flora y fauna que no se encuentra en ningún otra parte del mundo. Más de 628 especies de aves son originarias de la Sierra, y 71 de éstas son aves migratorias que todos los años dejan los helados inviernos de Estados Unidos de América y Canadá y se refugian en la Sierra.
Aves conocidas en Colombia como el picogordo degollado, zorzal de swainson, reinita norteña
y reinita verderonal se encuentran en los diversos hábitats de la Sierra, donde se congregan con otras aves nativas. La protección de estas áreas asegura que las aves migratorias podrán sobrevivir para su migración de vuelta al norte, y encontrar el albergue, la comida y el agua que necesitan para continuar en su largo viaje.
“La Sierra Nevada de Santa Marta es una joya biológica. Perderla es perder un tesoro incalculable para generaciones futuras,” asegura Aurelio Ramos, el director de programas de conservación para Latinoamérica de TNC.
Ahora que se han establecido las reservas indígenas, TNC está asumiendo un nuevo papel para ayudar a diseñar un sistema de monitoreo para la protección de tierras que han sido designadas para la conservación. Este modelo indígena de manejo y monitoreo local se ha creado de tal forma que se puede replicar en el futuro en otros sitios prioritarios de conservación. Tal como creen los Tairona, la salud de todo el mundo podría depender de lo que pasa en este lugar.
Créditos Fotgráficos (izquierda a derecha): © Daniel Arcila; Aurelio Ramos/TNC (Sierra Nevada, Colombia); Erika Nortemann/TNC; Faustino Osavas, especialista de mitigación de amenazas © Hernando Cabral/TNC.
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